29/08/2017

Las Galerías de Santiago

Por: Claire Asselot
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Sin rumbo fijo comenzaba mi mañana en las galerías de Santiago Centro. Herencia de las construcciones medulares de nuestra ciudad en el siglo XX, las galerías de Santiago son una de las notables opciones para aquellos fanáticos de perderse entre las calles mientras se descubre la magia de los locales más antiguos de nuestra capital, donde desde antaño comerciantes han establecido una vida entera en los locales de estas galerías.

Lo interesante acá es que cada galería ha ido forjando su propia esencia a través de los años, algunas dedicadas a la comida, otras a la joyería, otras a la estética, suma y sigue. Ello lo sabía de antes, pero estaba expectante a perderme entre ellas.

Me bajaba entonces en la estación de metro Plaza de Armas y comenzaba mi recorrido, lejos de estar estructurado ni ordenado en mi cabeza. Me dejaría llevar. El Centro Comercial Casa Rosada fue mi primera parada. Principalmente dedicada a la fotografía y vestuario, notaba desde ya como cada local estaba atendido por su dueño y cada uno se manejaba entonces a la perfección.

Seguí mi rumbo y llegué entonces al Centro Comercial Plaza de Armas, el cual aloja principalmente salones de belleza pero también los primeros juegos Diana de la ciudad, populares en su época y que hoy como parte de una nostalgia por el pasado se instalaron hace poco también en San Diego, en el conocido Espacio Diana.

Algo interesante ocurría aquí y que es también un reflejo de como el comercio de nuestra capital se adecúa a su espacio y tiempo es que la presencia de salones de belleza dedicados en especialidad a los inmigrantes ocupaba alrededor de la mitad de los locales o más.

Gran parte de ellos dominaba el arte de la peluquería y estética característica de países latinoamericanos y entre los pasillos se escuchaban todo tipo de acentos. Colores y sabores de todo tipo.

Entre medio de ello, me asomé curiosa a una peluquería que contaba la presencia con “un poco de todo”: Santiago multicultural. Una clienta era dominicana y venía al salón hace apenas 6 meses, otra, de alrededor unos 75 años venía sagradamente hace 45 a “ponerse linda” como acotaba ella misma.

Me despedía y seguía caminando, me aprontaba entonces a entrar a los pasillos del Portal Fernández Concha y me abordaron rápidamente garzonas y cocineros de los distintos locales de comida. “Mija, ¿que le ofrezco? ¡Sírvase un lomito, un completo, lo que quiera!. Tentadora oferta, pero eran apenas las 11:00 AM y aún me quedaba vitrineo por delante.

Entre entonces al Pasaje Matte, el cual se dedica fundamentalmente a la venta de joyerías. Con autoridad puedo decir que se trata probablemente de los joyeros más experimentados y convenientes de la capital, así que si está por casarse y a dos días de ellos se da cuenta de que no tiene las argollas (esto le pasó a un amigo, no invento) seguramente algo tan imposible como tenerlas para el día del evento será posible aquí y todo siempre a un buen precio y calidad.

Salí por la entrada de la calle Ahumada y tocaba ya hora de comer algo, y es que aquél paso por el Portal Fernández Concha había calado profundo en mi ser.

Opción indiscutible era una empanada de queso del mítico y legendario El Rápido. En cosa de segundos, tenía mi empanada de queso frita en mis manos. El local que es un emblema capitalino y se encuentra al lado del Bar Nacional vende alrededor de unas 50 empanadas por hora y está abierto desde las 8 am hasta las 8 pm. Un imperdible para aquella mañana de caminata incesante por las galerías de Santiago Centro, ¡y eso que sólo visité algunas de las más de 60 que hay!

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