23/10/2017

Rincones del Barrio Yungay

Por: Claire Asselot
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Llegaba a encontrarme a la salida de la estación de metro Quinta Normal con Elisa Walking Tours. La estación de Quinta Normal es sumamente grande, cosa que Elisa destacó al reunirnos todos frente a ella. Nos acompañaban personas de todos los países y algunos también notaron el tamaño considerable de la estación y justificaron sus atrasos.

“Tranquilos” dijo Elisa y continuó, “es normal perderse, la estación es súper grande. Eso es porque para su construcción suponía ser un lugar internodular y consideraba el paso de buses a regiones, etc. Algo así como Estación Central…ello nunca pasó pero los espacios han sido reutilizados y son ocupados para eventos culturales y como espacio de reunión para grupos de baile y cosas así”. No llevábamos ni 10 minutos de tour y ya había aprendido algo. Sabría que sería una gran mañana.

El Barrio Yungay es oficialmente el primer barrio de Santiago que fue pensado como tal. A diferencia de otros que han ido constituyéndose por una serie de casualidades y acumulación aleatoria de calles y lugares que les han brindado tal característica, esta zona fue pensada desde un inicio como parte de un esfuerzo por urbanizar y generar espacios de cultura luego de nuestra independencia. Embellecer la ciudad se volvió una prioridad, y esta porción de Santiago lo refleja.

Desde ese momento supe además, que me encontraba en un lugar de gran riqueza cultural de nuestra capital. Seguimos por el Parque Quinta Normal, el cual es a mi juicio uno de los espacios verdes más lindos de Santiago.

 

Rodeado por museos que han sido conservados en sus formas desde su construcción alrededor de los años 1800 y 1900, a lo largo de nuestro paseo los repasamos uno a uno. El Museo Nacional de Historia Natural, Artequin, y la muestra más grande de ferrocarriles de Chile se encuentran en este lugar. También lo hacen otros más recientes, pero ellos los revisaremos luego….más precisamente luego de detenernos en otro detalle de nuestra identidad como país: el mote con huesillo.

Salíamos del parque Quinta Normal y nos encontrábamos con un puesto de mote con huesillo. Para la serie de extranjeros que hacían el tour, Elisa preguntó curiosa si algunos sabían lo que era. En coro se escuchó un gran “no” mientras los locales nos mirábamos ansiosos por comprar uno.

Elisa nos explicó que este puesto es uno de los más antiguos en la capital, donde su venta se ha convertido en una tradición familiar de más de 30 años. Algunos entusiasmados ya disfrutábamos de nuestra merienda de media mañana antes de que siquiera Elisa terminara de contar la historia del local.

Mientras caminábamos de vuelta a la entrada del parque, Elisa esbozaba pequeñas curiosidades de Barrio Yungay. Definitivamente se notaba que sabía mucho. Llegábamos así de vuelta a la calle Matucana. Cruzamos y entramos probablemente al museo más significativo de Santiago. Se trata del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Elisa fue precisa: “Estamos en uno de los lugares que representa uno de los períodos más importantes de nuestra historia”. La mayoría sabía perfectamente donde estaba. Nos explicaba que la escalera de avión ubicada en la mitad de la explanada representaba el exilio.

Seguimos caminando y esta vez nos enfocamos en los detalles más básicos que demuestran la construcción de Yungay como el primer barrio. Mientras divagábamos, entendíamos la diferencia entre cités y conventillos y otros pequeños detalles muy interesantes. Sin darnos cuenta, llegábamos a la Peluquería Francesa uno de los lugares más emblemáticos de Barrio Yungay.

Constituida desde el año 1869 y retomado su funcionamiento en el 92 luego de una pausa por el nieto de Lavaud y en manos del arquitecto Federico Sánchez, este lugar ubicado en la calle Compañía de Jesús con Libertad consta no tan solo de una barbería que imita a la perfección el estilo napoleónico, sino que también de un restaurante con especialidades francesas, todo ambientado como una peluquería.

Luego de cerrar nuestro tour en Plaza Yungay frente al monumento al “roto chileno”, dimos vuelta en U y terminamos ahí, de la mano de un imperdonable crème brûlée.

 

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